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El militarismo y la guerra del Rif



El siglo XIX culminó con un acontecimiento transcendental para la sociedad española. En abril de 1898, el gobierno de los Estados Unidos le declaró la guerra a España y mediante una potente ofensiva, principalmente naval, precipitó la derrota del ya maltrecho ejército colonial destacado en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La pérdida de Cuba, la más importante de las colonias que aún restaban del viejo imperio, causó una honda conmoción política, social y económica en la Península. Algunos sectores de la industria, del comercio y las finanzas resultaron seriamente afectados en sus intereses económicos; pero además, la monarquía y el ejército sufrieron un grave quebranto de su prestigio. 

Naturalmente, la gran burguesía, el rey y los altos mandos militares procuraron compensar de algún modo los efectos negativos de la derrota en Cuba. En tales circunstancias, el colonialismo español reavivó su viejo interés por Africa y puso sus miras en Marruecos, país que ofrecía óptimas condiciones para las inversiones industriales y financieras europeas.

Comenzó entonces una fase de penetración pacífica en el norte de Marruecos (el Rif) a partir de las plazas fuertes de Ceuta y Melilla. Sin embargo, el 9 de julio de 1909, grupos nacionalistas de la zona de Melilla atacaron y destruyeron las obras ferroviarias y las instalaciones mineras pertenecientes a una sociedad española.
Así estalló una guerra que esperaba y necesitaba el militarismo hispano (2). A principios de agosto ya habían sido trasladadas al teatro de operaciones varias brigadas que, en conjunto, superaban los veinte mil efectivos. La campaña de Melilla, si bien fue de corta duración, sirvió para justificar el incremento del contingente militar en Marruecos (3), que terminó desvirtuando la idea inicial de lograr una ocupación pacífica y el establecimiento de un Protectorado civil en Marruecos.
La militarización de la empresa colonial respondió a las presiones de una oficialidad que desde el fin de la guerra de Cuba, no hallaba un objetivo con el cual justificar su razón de ser.

Las comandancias de Larache, Ceuta y Melilla fueron las plataformas desde las cuales se impulsó la penetración “manu militari” hacia el interior montañoso y hostil del Rif. Esta dinámica, unida a otras circunstancias igualmente irritantes, exasperó el nacionalismo y caldeó los ánimos de las tribus bereberes que poblaban el territorio rifeño. La agitación reinante desembocó en rebelión generalizada.

En 1921, el caudillo nacionalista Mohamed Abd El Krim levantó en armas a la población e invocando el Islam y las tradiciones, propagó la Yihad (4) por todo el Rif y la región de Yebala-Gomara. Ese mismo año, las fuerzas de Abd El Krim destrozaron al ejército español destacado en Melilla, ocasionándole diez mil bajas en la batalla de Annual. Los rebeldes adoptaron una táctica de guerrillas que les posibilitó enfrentar con éxito durante varios años a las tropas peninsulares.
En enero de 1923 fue proclamada la “Nación Republicana del Rif” y en 1925, la revuelta nacionalista se extendió al Protectorado francés. Ante este hecho, ambas metrópolis coordinaron esfuerzos para lanzar una ofensiva conjunta. España preparó un cuerpo expedicionario que fue desembarcado en la bahía de Alhucemas, y Francia hizo entrar en combate a cien batallones.

Tras una campaña extraordinariamente dura, se impuso la superioridad técnica de las tropas europeas. En 1926, la resistencia cabileña fue aniquilada y Abd El Krim capturado por los franceses. Posteriormente, el gobierno de Francia confinó al caudillo rifeño en la isla de Reunión. En 1927, el Rif estaba pacificado.

La guerra de Marruecos reforzó al militarismo español con una nueva generación de altos mandos forjada en los campos de batalla. Estos oficiales, conocidos como “africanistas” estaban imbuídos de un profundo desprecio hacia los políticos y los intelectuales. Además se consideraban a si mismos una especie de cruzados de la fe católica y guardianes de la grandeza de España. 
Los generales Mola, Sanjurjo, Millán Astray, Franco y Kindelán, entre otros, habrían de sumir a España en una guerra civil, movidos por su ideal mesiánico.
Emiliano Gomez
بقلم : مركز بنتيلي الإعلامي

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